Si
hay algo que he aprendido últimamente es que de las peores cosas que
te puede dar la vida es una zona de confort. Al fin y al cabo es una
forma tonta de ponerte barreras de seguridad alrededor de un círculo
ridículo en el que sí, estás bien, pero el cual no te va a
permitir avanzar nunca. Y es que para qué está la vida si no es
para simplemente vivir. Y aceptar que vas a llegar a zonas horribles
en las que nunca querrías haber caído y de las que vas a salir,
porque tan sólo forman parte del camino. Pero hay que tener en mente
siempre que cambiar no es siempre empeorar, y que cualquier cosa que
te impida cambiar, sea hacia donde sea el cambio, es mala. Siempre
decimos que cualquier cosa podría ser peor, y claro que podría pero
también podría ser mejor y sólo hay una cosa que impide que eso
sea así: tu zona de confort. Así que escúchame: te deseo que nunca
encuentres tu zona de confort. Te deseo que tengas días en los que
todas tus decisiones te lleven a sitios en los que nunca habías
pensado estar. Que te llenes de barro y maldigas seguir despierto
para luego asumir algo tan sencillo como que sólo se ensucia quien
camina. Que no hay un solo lugar en el mundo y que a veces los
caminos más feos llevan a sitios en los que sólo te arrepientes de
no haberlos conocido antes. Llámame loca pero te pido que si
encuentras un sitio donde te sientas bien, salgas corriendo sin
dudarlo. Creo que es la única forma de no estancarte y poder crecer,
porque si dejas de crecer, habrás dejado de vivir
domingo, 20 de marzo de 2016
miércoles, 17 de febrero de 2016
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¿Sabes lo que me gusta de ti? Que siempre sonríes. No se si es a mi
o al mundo, si es que todo te da igual o que no quieres dejar ver que
exista algo que pueda hacerte daño, pero sonríes. Y el problema
está en que seguramente haya mucha más gente alrededor mío que
sonría, pero yo no me doy cuenta. Pero cuando vienes tú tengo la
sensación de que en ese momento nada malo podría pasarme, y eso me
gusta. Y me gusta que no te importe soñar en voz alta y que nunca te
quieras ir a dormir. Y que no seas capaz de enfadarte cuando algo te
sale mal porque eres capaz de aceptar las derrotas. Es por eso que
creo que vives pocas, porque seguramente no seas consciente de que
estás perdiendo cuando viene la vida y te da una patada. Y podría
decirte que creo que te quiero a pesar de que un día te despiertes
queriendo quedarte y al siguiente sólo tengas ganas de salir
corriendo. Porque se que me llevarías contigo. Y es que eres la
única persona a la que cuando la he mirado por primera vez lo último
que se me pasaba por la cabeza era hacerte daño. Pero es que luego
te conocí y sabía que no es que no pudiera hacerte daño, es que no
quería. Por eso no me gusta cuando estás triste, ni cuando dejas de
sonreír. Pero…
+
Pero.
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Pero no puedo estar contigo. A pesar de que ahora mismo te cogería
de la mano y te llevaría a Madagascar. A pesar de que sigo pensando
que eres lo más bonito que voy a poder encontrar una noche como
esta. A pesar de que tenga ganas de besarte.
+
No me beses si no vas a quedarte…
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Vale.
domingo, 7 de febrero de 2016
He vuelto por y gracias a ti
Nunca
antes había comprobado lo importante que es darse tiempo. A uno
mismo. Tiempo para ser capaz de recuperar el tiempo que has perdido
por muy irónico que suene. Y es que por fin he sido capaz de hacer
las paces conmigo. Es difícil de entender, parece ridículo y, es
muy probable que cualquiera que lea esto piense en cómo no me da
vergüenza reconocerlo. Es sencillo: me quiero. Me he ido lejos, a
solas, con el único fin de cogerme y decirme “eh, para, no te
mereces lo que te estás haciendo”. Y he recordado todas las
palabras de mi madre, de mi familia y de toda la gente que me quiere.
Y me he hecho fuerte. Ahora solamente quiero descansar de todo esto.
Quiero descansar de ser fuerte porque es realmente agotador vivir
luchando contra un mundo que, tristemente, sólo tu cabeza hace
enemigo, él no busca hacerte daño. Quiero dejar de tener miedo a
las sombras de mi pasado porque son eso: sombras. Sólo asustan pero
no pueden hacerme daño. ¿Y si vuelven? Volveré a ser capaz de
poder con ellas. Porque si algo he aprendido todo este tiempo es lo
importante que es tomarse tiempo. No precipitarse. Al vacío. Porque
creo que lo que mas me ha costado ha sido creer que todo empezaba a
ir bien y de repente volver a caer. Era como si fueses por un túnel
completamente oscuro y vieses una luz al final, y justo cuando creías
alcanzarla: zas. Algo volvía a tapar la salida. Pero todos los
túneles tienen salidas de emergencia. Gracias mamá por haber sido
la salida de emergencia que me ha cogido y me ha dicho: “tú sales
por mi”. Y me has vuelto a enseñar a andar aunque esta vez de otra
manera: sin miedo. ¡Sin prisa, pero sin pausa! La vida es demasiado
corta como para pensar en frenar. Por eso quiero seguir a tu lado.
Quiero volver a mirar todo lo que me rodea con los ojos de antes,
volver a ser capaz de ver todo lo bonito que los demás no ven y
alejar de mi vista todos los demonios que intentan cegarme. Quiero
mirarme al espejo con la mirada de quien se quiere. Y quiero dejar de
hacerme daño. Creo que empiezo a quererme. Quiero decirte, sobretodo
a ti, mamá: he vuelto.
domingo, 29 de noviembre de 2015
Todos tenemos espinas
Jamás llegaré a
entender cómo ni por qué pero a veces soy capaz de encender la luz
en medio de tanta oscuridad. Y llegan días como hoy en los que vengo
a pedirme amor. Propio. De mi y para mi. Y todos deberíamos hacer lo
mismo.
Aunque suene
estúpido y obvio creo que no siempre somos conscientes de que no
existe ningún camino sin baches que lleve a algún sitio que valga
la pena. Ni rosas sin espinas. Ni historias increíbles sin capítulos
incomprensibles de dolor, sufrimiento o cualquier cosa que parta en
dos a sus protagonistas. Quiero decir, que no debemos echarnos la
culpa por que nuestras vidas a veces se tuerzan, ni por perder las
ganas de seguir, ni nada de eso. Todo lo que ves a tu alrededor sube
y baja, cambia, como tú. Porque para subir hay que estar abajo, no
lo olvides.
Hoy soy capaz de
pensar en que todos, absolutamente todos en el mundo, somos rosas con
espinas. Y que alguien vendrá que no le de miedo rodearme y apretar
bien fuerte. Y se pinchará. Y qué. Él ya lo sabía, y no venía
esperando otra cosa. Sabe de sobra que jamás le dejaré desangrarse.
Y yo entonces sabré de sobra que él vale la pena: sólo un valiente
loco es capaz de restregarse contra el dolor porque cree que le haría
la vida más fácil. No creo que esté tan equivocado. El dolor a
veces nos salva la vida. Otras nos destroza. Pero siempre nos enseña.
Puede que te vaya a
complicar la vida, e incluso que te la destroce, pero una vida no es
vida sin valentía: atrévete.
No lo olvides: no te
dejaré desangrarte. Igual te salvo la vida: soy capaz de
acariciarte.
Tus ojos son quien
deciden verme como rosa o como arma. Y yo no tengo la culpa de lo que
los ojos de los demás decidan mirar en mi.
Hoy vengo a pedirme
amor porque yo he llegado mucho antes de que llegues tú, y voy a
quererme. Y voy a apretarme y a desangrarme. Y a lamerme las heridas.
Hoy soy mía. Y algún día seguiré siendo mía pero con alguien que
sea capaz de quererme sin miedo y con unos ojos que sean capaces de
ver que, a pesar de las heridas, cualquier cosa merece la pena.
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