domingo, 20 de marzo de 2016

Encuentra tu zona de confort y huye.

Si hay algo que he aprendido últimamente es que de las peores cosas que te puede dar la vida es una zona de confort. Al fin y al cabo es una forma tonta de ponerte barreras de seguridad alrededor de un círculo ridículo en el que sí, estás bien, pero el cual no te va a permitir avanzar nunca. Y es que para qué está la vida si no es para simplemente vivir. Y aceptar que vas a llegar a zonas horribles en las que nunca querrías haber caído y de las que vas a salir, porque tan sólo forman parte del camino. Pero hay que tener en mente siempre que cambiar no es siempre empeorar, y que cualquier cosa que te impida cambiar, sea hacia donde sea el cambio, es mala. Siempre decimos que cualquier cosa podría ser peor, y claro que podría pero también podría ser mejor y sólo hay una cosa que impide que eso sea así: tu zona de confort. Así que escúchame: te deseo que nunca encuentres tu zona de confort. Te deseo que tengas días en los que todas tus decisiones te lleven a sitios en los que nunca habías pensado estar. Que te llenes de barro y maldigas seguir despierto para luego asumir algo tan sencillo como que sólo se ensucia quien camina. Que no hay un solo lugar en el mundo y que a veces los caminos más feos llevan a sitios en los que sólo te arrepientes de no haberlos conocido antes. Llámame loca pero te pido que si encuentras un sitio donde te sientas bien, salgas corriendo sin dudarlo. Creo que es la única forma de no estancarte y poder crecer, porque si dejas de crecer, habrás dejado de vivir


miércoles, 17 de febrero de 2016

- ¿Sabes lo que me gusta de ti? Que siempre sonríes. No se si es a mi o al mundo, si es que todo te da igual o que no quieres dejar ver que exista algo que pueda hacerte daño, pero sonríes. Y el problema está en que seguramente haya mucha más gente alrededor mío que sonría, pero yo no me doy cuenta. Pero cuando vienes tú tengo la sensación de que en ese momento nada malo podría pasarme, y eso me gusta. Y me gusta que no te importe soñar en voz alta y que nunca te quieras ir a dormir. Y que no seas capaz de enfadarte cuando algo te sale mal porque eres capaz de aceptar las derrotas. Es por eso que creo que vives pocas, porque seguramente no seas consciente de que estás perdiendo cuando viene la vida y te da una patada. Y podría decirte que creo que te quiero a pesar de que un día te despiertes queriendo quedarte y al siguiente sólo tengas ganas de salir corriendo. Porque se que me llevarías contigo. Y es que eres la única persona a la que cuando la he mirado por primera vez lo último que se me pasaba por la cabeza era hacerte daño. Pero es que luego te conocí y sabía que no es que no pudiera hacerte daño, es que no quería. Por eso no me gusta cuando estás triste, ni cuando dejas de sonreír. Pero…
+ Pero.
- Pero no puedo estar contigo. A pesar de que ahora mismo te cogería de la mano y te llevaría a Madagascar. A pesar de que sigo pensando que eres lo más bonito que voy a poder encontrar una noche como esta. A pesar de que tenga ganas de besarte.
+ No me beses si no vas a quedarte…

- Vale.

domingo, 7 de febrero de 2016

He vuelto por y gracias a ti

Nunca antes había comprobado lo importante que es darse tiempo. A uno mismo. Tiempo para ser capaz de recuperar el tiempo que has perdido por muy irónico que suene. Y es que por fin he sido capaz de hacer las paces conmigo. Es difícil de entender, parece ridículo y, es muy probable que cualquiera que lea esto piense en cómo no me da vergüenza reconocerlo. Es sencillo: me quiero. Me he ido lejos, a solas, con el único fin de cogerme y decirme “eh, para, no te mereces lo que te estás haciendo”. Y he recordado todas las palabras de mi madre, de mi familia y de toda la gente que me quiere. Y me he hecho fuerte. Ahora solamente quiero descansar de todo esto. Quiero descansar de ser fuerte porque es realmente agotador vivir luchando contra un mundo que, tristemente, sólo tu cabeza hace enemigo, él no busca hacerte daño. Quiero dejar de tener miedo a las sombras de mi pasado porque son eso: sombras. Sólo asustan pero no pueden hacerme daño. ¿Y si vuelven? Volveré a ser capaz de poder con ellas. Porque si algo he aprendido todo este tiempo es lo importante que es tomarse tiempo. No precipitarse. Al vacío. Porque creo que lo que mas me ha costado ha sido creer que todo empezaba a ir bien y de repente volver a caer. Era como si fueses por un túnel completamente oscuro y vieses una luz al final, y justo cuando creías alcanzarla: zas. Algo volvía a tapar la salida. Pero todos los túneles tienen salidas de emergencia. Gracias mamá por haber sido la salida de emergencia que me ha cogido y me ha dicho: “tú sales por mi”. Y me has vuelto a enseñar a andar aunque esta vez de otra manera: sin miedo. ¡Sin prisa, pero sin pausa! La vida es demasiado corta como para pensar en frenar. Por eso quiero seguir a tu lado. Quiero volver a mirar todo lo que me rodea con los ojos de antes, volver a ser capaz de ver todo lo bonito que los demás no ven y alejar de mi vista todos los demonios que intentan cegarme. Quiero mirarme al espejo con la mirada de quien se quiere. Y quiero dejar de hacerme daño. Creo que empiezo a quererme. Quiero decirte, sobretodo a ti, mamá: he vuelto.

domingo, 29 de noviembre de 2015

Todos tenemos espinas


Jamás llegaré a entender cómo ni por qué pero a veces soy capaz de encender la luz en medio de tanta oscuridad. Y llegan días como hoy en los que vengo a pedirme amor. Propio. De mi y para mi. Y todos deberíamos hacer lo mismo.
Aunque suene estúpido y obvio creo que no siempre somos conscientes de que no existe ningún camino sin baches que lleve a algún sitio que valga la pena. Ni rosas sin espinas. Ni historias increíbles sin capítulos incomprensibles de dolor, sufrimiento o cualquier cosa que parta en dos a sus protagonistas. Quiero decir, que no debemos echarnos la culpa por que nuestras vidas a veces se tuerzan, ni por perder las ganas de seguir, ni nada de eso. Todo lo que ves a tu alrededor sube y baja, cambia, como tú. Porque para subir hay que estar abajo, no lo olvides.
Hoy soy capaz de pensar en que todos, absolutamente todos en el mundo, somos rosas con espinas. Y que alguien vendrá que no le de miedo rodearme y apretar bien fuerte. Y se pinchará. Y qué. Él ya lo sabía, y no venía esperando otra cosa. Sabe de sobra que jamás le dejaré desangrarse. Y yo entonces sabré de sobra que él vale la pena: sólo un valiente loco es capaz de restregarse contra el dolor porque cree que le haría la vida más fácil. No creo que esté tan equivocado. El dolor a veces nos salva la vida. Otras nos destroza. Pero siempre nos enseña.
Puede que te vaya a complicar la vida, e incluso que te la destroce, pero una vida no es vida sin valentía: atrévete.
No lo olvides: no te dejaré desangrarte. Igual te salvo la vida: soy capaz de acariciarte.
Tus ojos son quien deciden verme como rosa o como arma. Y yo no tengo la culpa de lo que los ojos de los demás decidan mirar en mi.

Hoy vengo a pedirme amor porque yo he llegado mucho antes de que llegues tú, y voy a quererme. Y voy a apretarme y a desangrarme. Y a lamerme las heridas. Hoy soy mía. Y algún día seguiré siendo mía pero con alguien que sea capaz de quererme sin miedo y con unos ojos que sean capaces de ver que, a pesar de las heridas, cualquier cosa merece la pena.